Autor: cirueladeviaje
Estoy en un cuerpo que me ha sido fiel; soportando los abusos y excesos, los cambios alimenticios, los ayunos prolongados por trabajos inacabables, extensas jornadas de vigilia atravesadas entre nubes de humo y café. Este cuerpo ha sido mi maleta, llevándome ha donde siempre he querido.
Este cuerpo ha bailado en las noches, solitariamente, sin testigos de su silencio. Hace pocos años, tardíamente, atrevidamente, comencé a tomar clases de ballet, seré una eterna aprendiz que en su mente vuela entre la levedad y en materia se queda adherida a la tierra sin lograr vencer la gravedad. Sin embargo la danza siempre estuvo conmigo, su historia y mis viajes, han sido una manera para bailarme al mundo.
Este nuevo camino que emprendo no es un arrebato o un hastío de mi vida, ni tampoco una urgencia de dejarlo todo atrás. Lo comienzo en el justo momento cuando soy completamente feliz, bailando, enseñando, aprendiendo lo que quiero; amando y compartiendo con amigos y familia; viviendo en una casita paradisíaca que me acoge con sus flores y sus cantos al amanecer.
La vida me abrió una ventana para irme por el mundo acompañada de un ser muy especial. Me asomé por ella y atendí su llamado. Me voy feliz, con la expectativa de conocer culturas antiguas que nos han dejado un mundo simbólico por develar.
Iconodanza
Danzas circulares – parte 1